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Minería Histórica Diciembre 2, 2009

Posted by Guillermo Vidalón in Historia, Minería.
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La importancia de la minería debe verse desde su legado histórico en el Perú, del presente y del futuro. Pocos lugares en el mundo dieron origen a culturas originarias tan avanzadas como China, India, Egipto, Mesopotamia, el Perú y Mesoamérica (en ese orden, según recientes hallazgos arqueológicos como la Ciudadela de Caral y otros aún más antiguos cuyo descubrimiento está por anunciarse). En esas culturas, se han encontrado vestigios de instrumentos metálicos, lo que constituye una prueba irrefutable del aprovechamiento que nuestros antepasados hicieron de los minerales.

Si en la actualidad admiramos las joyas del Señor de Sipán, las exitosas trepanaciones craneanas de los Paracas, la metalurgia pre-inca e Inca y toda aquella riqueza que fue empleada para revolucionar el tránsito del feudalismo europeo hacia una sociedad industrial; podremos percibir que el legado de nuestro territorio es enorme, que hay que aprovecharlo atrayendo inversión formal, aquélla que tributa y nos da la posibilidad de actuar con sapiencia para emplear los recursos generados en el desarrollo de conocimiento científico y tecnológico, única ruta que nos permitirá alcanzar niveles de vida del primer mundo.

Ayer como hoy, el aprovechamiento de los minerales implicó la organización de recursos humanos dedicados a la exploración y posterior explotación de los mismos. Desde la molienda de la roca, al “lavado” de la misma, a la eliminación de desechos (relaves) como producto del proceso productivo, a la fundición de los minerales en hornos de avanzada tecnológica para la época, cuya inyección de oxígeno era proporcionada por seis o más personas a través del empleo de cañas huecas, carrizos, que penetraban un horno de arcilla. Así fue como alcanzaron temperaturas mayores a mil grados centígrados para fundir, por ejemplo, el cobre. Una representación de ello se puede apreciar en el Museo de Antropología de Pueblo Libre.

Hoy como ayer, los mineros seguimos conociendo y descubriendo el Perú, hallando recursos allá donde muchas veces hay un páramo estéril o, si existe alguna otra actividad productiva, sabemos que seremos complementarios. Un agro moderno, desarrollado y competitivo es el mejor aliado de la minería y de la industria porque también está a la búsqueda de oportunidades de negocio, de transformar el paisaje. ¿Acaso los andenes no son enormes graderías construidas sobre los cerros, acaso el tajo abierto de las minas no los reproduce en mayor escala?

Las dimensiones han cambiado, la población se ha incrementado y, por consiguiente, la demanda de productos agrícolas, así como de los minerales, es mayor y globalizada. El salto que el país necesita es el de reconocerse a sí mismo en su potencialidad geográfica y humana. El Ama Quella, Ama Llulla y Ama Sua del Imperio Inca, del cual solemos enorgullecernos, estuvo orientado a promover y resaltar la laboriosidad, la importancia de la honorabilidad de las personas, el respeto a la autoridad, la disciplina, la confianza –contemporáneamente, lo denominaríamos la seguridad jurídica-, y, finalmente, el rescate del valor de la honestidad y el distanciamiento de la corrupción. Ayer, el cumplimiento de dicha máxima llevó al imperio a ser una de las civilizaciones más avanzadas del mundo. El desafío del presente es generar confianza en el inversionista, sea éste minero o de otra actividad económica, necesitamos de todas para desarrollarnos, pero no hay peor estrategia que pretender frenar al líder para alcanzar aquello que anhelamos. Menos aún cuando la minería es la actividad económica que, proporcionalmente, más tributa al fisco y otorga más ingresos para financiar el desarrollo descentralizado.

La minería es la opción del presente, la que investigando su legado refuerza nuestra identidad, la que más ha invertido en tecnologías amigables con el ambiente. Es legítimo que la ciudadanía solicite información, que se promueva el diálogo y se busque obtener las mayores ventajas posibles de una negociación, pero el punto de inflexión tiene que ser aquél que no detiene la inversión. Nadie sabe si en el futuro los precios de los metales sigan siendo elevados, si no los aprovechamos en el presente o sentamos las bases para su aprovechamiento futuro, la inversión se alejará del país y dentro de pocos años constataremos, nuevamente, que otros aprovecharon aquello que nosotros volvimos a dejar pasar… el desarrollo, en desmedro de nuestras próximas generaciones, quienes quizás decidan interpelarnos al reescribir la historia.

¿Qué hacer? Noviembre 12, 2009

Posted by Guillermo Vidalón in Estado, Liderazgo.
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Es el título que empleó Lenin en uno de sus documentos, aquel político comunista mitificado de la revolución soviética (hoy Federación Rusia) de comienzos del siglo XX.  Afortunadamente, él quedó en el pasado, en la historia de la violencia cruenta o en la aún perturbada mente de quienes admiran su frialdad para asirse del poder y desde allí imponer una visión absolutista, centralista y hegemónica que prive a los ciudadanos de la libertad.

Hoy, la respuesta al ¿qué hacer? es precisamente cómo generamos intereses compartidos para lograr beneficios mutuos, dependiendo del nivel de nuestro compromiso, ya sea en lo económico, en lo político, en lo social, en lo cultural o en lo espiritual.

Sabido es que convivimos en un país multiforme, de pronunciadas aristas, de historias entrecruzadas, de lenguas varias y sustratos culturales disímiles; pero ése es el desafío y otra vez deviene la pregunta lacerante ¿cómo hacer? para integrarnos, para ser un país más moderno, que disfrute su diversidad y que se potencie en sí mismo sin confrontarse inútilmente, porque cuando lo hizo, todos perdimos.

El Perú necesita construir una promesa de espacio compartido donde todos nos sintamos exitosos, donde todos sepamos que algo tenemos que ceder para acrisolarnos, para fundirnos.  Pretender que en nosotros subsisten culturas estancadas es un error, las culturas son dinámicas, se entrecruzan siempre, no hay absolutos, aunque la mera negación de lo absoluto ya podría ser tomada por algunos como  prepotencia intelectual.

Mas la promesa no surge de la nada, surge de una inquietud compartida, casi siempre de un cenáculo y de un grupo de mecenas conscientes de que hay que construir una promesa, una apuesta con congregue, que brinde esperanza de que aquello que anhela la mayoría puede ser alcanzado.

En mi modesta reflexión, comparto con ustedes unas líneas para meditar: si bajo mi responsabilidad estuviese el desarrollar algún proyecto económico trascendente, lo primero que haría sería conformar un “Think tank”, un grupo que me diga cómo generar una visión desde el proyecto en sí para engarzar el proyecto principal con otros desarrollos económicos que generen ganancias en la región de mi interés, o en las regiones donde tengo previsto desarrollar mi proyecto; pero que, al mismo tiempo, este equipo  haga una proyección de los recursos con que contará la autoridad presente o futura para que pueda financiar aquello que resulte de trascendencia social, como la infraestructura.

Si esto lo tenemos definido, el siguiente paso es debatir la estrategia para ver cuál es la manera más apropiada para que el debate político local gire entorno al producto entregado por el equipo “Think tank”, al cual debería denominarse Estrategia de Desarrollo.   De esta manera, evitamos que la oposición aísle al proyecto principal, pues en términos sociales no se “vende” únicamente un proyecto, se vende una estrategia de desarrollo compartido.  Un tercer paso será ¿cómo hacemos para que el debate político local, regional o nacional gire alrededor de la estrategia definida?; un camino es introducir en los medios de comunicación espacios de “diálogo” (entiéndase difusión de la estrategia), en los que se confronten los aportes de unos y otros.  Si el trabajo del equipo Think tank es sólido, veremos que el debate se va aproximando progresivamente, las aristas se moldean y se descoloca a quienes proponen el “salto al vacío” o el antisistema.

En síntesis, se trata de definir un objetivo, otorgarle una visión y establecer la estrategia para su consecución, así como los movimientos tácticos y la evaluación de los riesgos potenciales.  Tengamos presente que, en la actualidad, esta reflexión se constituye en una metodología de sobrevivencia empresarial, en un contexto que aún permanece adverso al desarrollo del capital en todos los estratos sociales del país.

Inversión y Canon como estrategia Julio 22, 2009

Posted by Guillermo Vidalón in Minería, responsabilidad social.
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La semana pasada estuve en Santiago de Chile, ciudad que no visitaba desde hace ocho años, asistiendo a un seminario sobre Cobre. Al segundo día, los organizadores nos invitaron a cenar “al mejor restaurant de la ciudad”, elegido así por los santiaguinos en los dos últimos años, el restaurante Astrid & Gastón, de nuestro compatriota Gastón Acurio. Realmente me sentí muy orgulloso de las expresiones de nuestros vecinos del sur respecto de nuestra gastronomía, aunque lamentablemente hubo un cambio de sede pues uno de los visitantes extranjeros propuso acudir a un restaurant de comida francesa, que dicho sea de paso, también estuvo delicioso.

En el trayecto de los 30 kilómetros de ida y vuelta al aeropuerto pude admirar la vía subterránea de siete kilómetros que atraviesa gran parte de la ciudad “por debajo del río Mapocho”, según nos advirtió con orgullo el chofer que nos conducía.  Realmente es una obra de ingeniería impresionante, conseguida con inversión directa a través de concesiones y financiada por el pago del peaje. El pago del peaje se realiza de acuerdo al número de kilómetros de la autopista de los que se haga uso, lo cual resulta razonable. El conductor del vehículo realiza el pago del peaje a través de un sistema prepago, le colocan un dispositivo en el automóvil, el mismo que se irá descargando electrónicamente dependiendo de cuántas veces haya empleado la vía.

El evento al cual fui invitado trató sobre “Salud, Medio Ambiente y Nuevas Tecnologías”, pero lo que recogí  como hilo conductor desde el primer hasta el presente párrafo es que no hay chileno que dude de la necesidad de atraer inversión para propiciar la mejora, modernización o construcción de nueva infraestructura, pues ello contribuye a dinamizar los canales de distribución por donde fluye gran parte de la economía, la producción de bienes.

Afortunadamente, en el restaurant galo prosiguió el diálogo sobre la cocina peruana, pues se destacó el hecho que haya llegado inversión peruana en este rubro. “Los dueños de restaurantes locales no han tenido más que conseguir mejores cocineros o “importarlos”, lo que implica además del reconocimiento económico, la revalorización cultural del portador del expertise, y, por supuesto, un servicio más acorde con las expectativas de los comensales chilenos; es decir, bienvenida la inversión y bienvenido el creciente cosmopolitismo de Santiago.

De un extremo a  otro del espectro social chileno, tanto el taxista como los organizadores, relievaron  la importancia de la inversión para vivir mejor.  “Antes ir al aeropuerto me tomaba 45 minutos, ahora lo hacemos en 15 minutos”, “antes no teníamos la variedad gastronómica que ofrecen los peruanos a los turistas, ahora hemos convocado a los mejores cocineros del mundo que deseen venir a establecer sus negocios aquí”.

Y, el tercer punto de la nota, el Seminario de Cobre. La mayoría de los expositores eran científicos de ambos sexos, resalto la diferencia de género porque ello contribuye a reforzar el sentimiento que la ciencia está a disposición de quien desee conocerla, investigarla y acrecentarla.  Los estudiosos provenían del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), de la Universidad de Chile. ¿Qué investigan estas personas?, pues las ventajas que puede aportar para la salud su principal producto de exportación, el Cobre.

Durante dos días, médicos pediatras con especialidad en hematología y oncología infantil, microbiólogos, gastroenterólogos, tecnólogos médicos, microbiólogos y laboratorista técnico fueron los principales oradores encargados de presentar los avances en sus investigaciones, de persuadir con sólidos argumentos que la presencia del cobre en nuestro organismo es positivo y que lo negativo sería pretender que este elemento esencial no esté ni en nuestro cuerpo ni en nuestra actividad diaria.  Obviamente, en niveles científicamente permisibles.

Mas lo más impactante fue que los científicos, los intelectuales (catalogados así por la sociología que ubica su presencia en todos los niveles socio-económicos) tenían un objetivo y un mensaje común: primero, demostrar lo beneficioso del uso diversificado del cobre y, segundo, proponer nuevos usos del cobre para que los empresarios, aquéllos que son capaces de percibir oportunidades de negocios que otros no ven, produzcan bienes que resultarían muy exitosos en las circunstancias actuales de temores, sobredimensionados o no, de pandemias pero que, por lo aparentemente razonable de sus propuestas, podrían ser acogidos por el mercado.

Entre ellas hubo planteamientos como la fabricación de mascarillas con partículas de cobre, pues el rojo metal es antimicrobiano y resultaría útil sistema de prevención ante la Influenza AH1N1 u otras que podrían aparecer o ser diseminadas a futuro, nadie lo sabe ni lo sabrá con certeza.  Otra sugerencia fue el desarrollo de pañuelos desechables con contenido de cobre, un enfermo estornuda sobre un pedazo de papel y las bacterias anidan allí por un tiempo determinado, si el papel contiene cobre, la propiedad bactericida reduce el riesgo de incubación y propende a la eliminación de las bacterias.

Comentario aparte merece la propuesta de producir equipos hospitalarios con cobre, dado que en los centros de salud se suelen desarrollar bacterias muy resistentes, denominadas intrahospitalarias.  Por eso es que los riesgos de contraer  una enfermedad más perjudicial de aquélla que  motivó  el que se acudiera al  centro de salud resulta una posibilidad cierta.  Esto  podría determinar un período mayor de permanencia del enfermo en el centro, lo que implica mayores costos de hospitalización, que en las clínicas particulares son asumidos por el paciente y en los centros de salud públicos, por el Estado.  Esta última propuesta todavía está en estudio, pero los microbiólogos chilenos están optimistas.

De comprobarse el impacto positivo de la presencia del cobre en instrumental médico y otros equipos hospitalarios, la investigación científica habrá hallado un nuevo filón para el consumo del cobre, beneficiándose tanto el productor como el industrial pero, principalmente, el consumidor final.

Otra propuesta interesante fue la construcción de piscigranjas con mallas de cobre, pues las que se emplean en la actualidad son mallas galvanizadas, las que después de un período de tiempo acumulan adherencias de moluscos u otros organismos que dificultan la circulación y renovación del agua, ocasionando dificultades en este rubro a la actividad pesquera.  El cobre, sin embargo, es mucho más eficiente; su período de vida supera los 20 años y no permite mayores adherencias, además de ser totalmente reciclable.

Los investigadores manifestaron que los pesqueros habrían propuesto a algunos consorcios mineros que ellos asuman el costo de producción de estas jaulas gigantescas y las den en arriendo, pues los pesqueros no tendrían posibilidad de recuperar el metal empleado en su fabricación tras el vencimiento de su período de vida.

En síntesis, el evento transmitió un mensaje ejemplarizador, la unión estratégica de la inversión privada, la investigación científica y la voluntad política de la ciudadanía del sur habrán encontrado otro importante nicho de mercado para incrementar la demanda mundial de cobre.  La ruta está trazada, solo hay que seguir el camino que nos resulte más eficiente y propiciar una visión compartida de desarrollo del país.

De Apurímac al mundo Mayo 22, 2009

Posted by Guillermo Vidalón in Desarrollo Sostenible, Minería, Otros.
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Como soy peruano, me siento apurimeño, al igual  que cualquier apurimeño cuando viene a Lima, por eso es que me permito compartir mis anhelos, mis sueños y esperanzas con ustedes. El sueño que tengo del Perú es el de un país grande, fuerte, abierto al mundo, decidido a comerciar sus conocimientos, sus bienes y productos, un país que no tenga temor a asociarse a otro, que sabe que tiene fortalezas y debilidades, que debe afrontar amenazas y aprovechar las oportunidades; por eso, pero por sobre todo, anhelo un país que no se amilane, que no se sienta menos; pero, tampoco que se engañe, que sea capaz de ser consciente de su dimensión, que con humildad sepa que es preferible establecer alianza con quien juntos ganamos más, porque en ese período lo realmente importante es aprender en el compartir con el grande, esforzarse y crecer, pero crecer a mayor velocidad de quien nos cobijó y, en el menor plazo posible, seremos nosotros quienes debemos estar dispuestos a proyectar nuestra sombra.  Ese día habremos decidido ser líderes, dar la cara al Sol y seguir avanzando, porque el futuro siempre será incierto, mas se construye en el presente, recurriendo a las fortalezas de nuestro pasado.

En Apurímac, tenemos que ser conscientes que solo representamos el 1.4% de la población peruana, que más de 197 mil personas emigraron y casi 24 mil personas decidieron establecerse en esta región, es decir 176 mil dejaron definitivamente Apurímac, que la esperanza de vida al nacer es de 65 años, menor al promedio nacional, que sólo el 6% de nuestra población logra ahorrar dinero, con dicho porcentaje difícilmente alcanzamos excedentes como para emprender proyectos importantes; pues, como sabe todo economista, sin ahorro no hay inversión, a lo cual yo añadiría, tampoco habrá trabajo.  Otra de las limitantes que tenemos son los pocos años de estudio que acumula nuestra población, el 65% de la población ha cursado algunos años o ha completado su educación primaria y uno de cada cinco aún no sabe leer ni escribir.  Otra limitante es que el 40% de la población entre 6 y 9 años presenta cuadros de desnutrición crónica.  O, también, que el 2007 el presupuesto de inversiones de la región ascendió a S/.144 millones, lo cual resulta insuficiente para satisfacer las expectativas de la población apurimeña.  Como es de esperar, todo ello impacta negativamente en la capacitación que se requiere para alcanzar el bienestar al cual todos anhelamos.

Sin embargo, hay algunos aspectos esperanzadores, la belleza paisajística del gran Cañón del Apurímac, entre otros atractivos arqueológicos y culturales que podrían atraer al turismo, aunque ninguno se encuentre integrado a un circuito de visita, pero, a pesar de lo limitado que resulta en la actualidad, contribuye algo al desenvolvimiento económico.  Desde la otra orilla, existen potencialidades productivas que aún no han sido desarrolladas como oferta exportable, entre ellos tenemos a los recursos mineros, agrícolas y pecuarios. ¿Por qué no decidimos ponerlos en valor?  La respuesta está en cada uno de nosotros.

Minería que impulsa el desarrollo Abril 28, 2009

Posted by Guillermo Vidalón in Minería.
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La minería, un su devenir histórico, ha evolucionado incorporando tecnología de punta, minimizando su impacto ambiental, invirtiendo en nuevas tecnologías, creando empleo formal, impulsando el desarrollo industrial vinculado a esta actividad, promoviendo o actuando directamente para que las comunidades de su entorno sean partícipes de su desarrollo o generando riqueza para que las autoridades de los gobiernos locales, regionales y nacional cuenten con mayores recursos para enfrentar las seculares carencias de nuestra sociedad.

La minería también tiene otras implicancias, y su trascendencia social es definitivamente positiva. Analicemos, durante el cateo y la prospección (etapas de la exploración minera), los geólogos peruanos recorren el país en busca de recursos minerales significativos, y es en este proceso que establecen contacto con otros peruanos con quienes realizan un intercambio cultural productivo; serán los aportes de unos y la valoración de los otros lo que permitirá aprovechar el potencial del subsuelo.

Por supuesto que es natural que, en alguna medida, en las comunidades próximas a la futura operación minera surja la desconfianza que oculta el temor a lo desconocido, el riesgo que implica dejar la rutina y aventurarse por una nueva actividad que las integra al país, que hará que, si es que hay éxito en el proceso exploratorio – de cada 1,000 cateos uno se convierte en mina- cuenten con una vía de acceso a nuevos y mayores mercados para sus productos, o que la vía existente sea mejorada para que la empleen tanto la operación como los ciudadanos locales. Una operación minera descentraliza el país, lleva inversión allí donde nunca antes se había congregado la atención de otros grupos privados; pero, al mismo tiempo, integra a la economía local con la nacional y el mercado mundial.

La operación minera se distingue de la extracción ilegal en que aquélla sólo busca el beneficio inmediato sin la menor consideración ambiental, laboral, de seguridad, social y tributaria. La extracción ilegal del patrimonio de la Nación no propicia el desarrollo; todo lo contrario, recurren a la violencia y la corrupción para alcanzar sus fines. Donde hay extracción ilegal, la presencia de los poderes del Estado es nula o casi nula. Además, la extracción ilegal es el mejor aliado del atraso; pues por sus características requiere mayor mano de obra, propiciando que familias enteras abandonen el campo y padres e hijos queden a merced de estos traficantes.

Difícilmente, al extractor ilegal le interesará el hecho que el niño haya dejado la escuela, que trabaje sin equipo de seguridad alguno, al igual que sus padres, en condiciones lamentables y riesgosas. Demás está decir que la extracción ilegal daña el ambiente, arroja deshechos sin tratarlos, no paga impuestos, por consiguiente, no aporta en nada al desarrollo. El Perú, al igual que lo han hecho otros países en desarrollo, necesita hacer una introspección y evaluar qué le resulta más conveniente para enfrentar exitosamente el reto del desarrollo y el bienestar. La minería legal ciertamente es una opción adecuada por ser una actividad de mediano y largo plazo, tiempo suficiente para elaborar una visión concertada de intereses comunes en pro del desarrollo del país.